miércoles, 26 de marzo de 2014

La terapia EMDR. Solucionando problemas a través del movimiento ocular


La terapia EMDR son siglas que corresponden con el concepto de “Reprocesamiento y Desensibilización a Través del Movimiento Ocular”, y es una terapia psicológica descubierta y desarrollada por la Dra. Francine Shapiro desde 1987.

Esta terapia psicológica individualizada, que tiene contrastada validez científica, está diseñada para reducir el estrés y los síntomas producidos por situaciones traumáticas del pasado y mejorar el funcionamiento general de la persona. 

Se basa fundamentalmente en la identificación de una situación traumática pasada que produzca malestar a la persona. A partir de esta situación el terapeuta ayuda a identificar al paciente una imagen que represente ese recuerdo, un pensamiento negativo asociado a esta experiencia y las sensaciones corporales relacionadas. A través de estos elementos y utilizando una tarea motriz (movimiento ocular lateral inducido por los dedos del terapeuta en tandas de unos 30 segundos de duración, o también se puede realizar a través de golpecitos alternantes con la mano o tonos auditivos enviados por medio de auriculares) el terapeuta ayuda al paciente a pasar por una serie de fases hasta que el recuerdo original deja de producir angustia emocional. El proceso finaliza cuando el paciente es capaz de tener un concepto positivo de sí mismo y sentimientos confortables al recordar la situación traumática pasada.



No se conoce el mecanismo exacto por el que funciona esta terapia pero la explicación más ampliamente aceptada en que este proceso permite activar el circuito de procesamiento adaptativo de la información. Parece que este proceso permite conectar el recuerdo traumático con información más adaptativo almacenada en las redes de la memoria.

Esta terapia está aceptada por la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento del trastorno por estrés postraumático en adultos, pero también está aceptada y adaptada para su aplicación en niños y adolescentes. También se ha visto que resulta muy útil en otros trastornos como las fobias, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad, trastornos de alimentación e incluso se está aplicando en la actualidad en trastornos por abuso y dependencia de tóxicos, con unos niveles de éxito altamente sorprendentes.

sábado, 1 de febrero de 2014

¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico que suele afectar aproximadamente a un 1% de la población general, con una distribución similar por sexos y etnias. Su aparición suele ser durante la edad adulta joven, entre los 20 y los 30 años, pero puede aparecer, aunque menos frecuentemente, en la adolescencia o bien a edades más tardías. En las mujeres se asocia a mejor pronóstico debido a que suele aparecer a mayores edades. Su causa está aún por descubrir pero se ha apuntado que tanto factores genéticos como ambientales tienen un papel clave en su aparición.

La esquizofrenia se caracteriza por la presencia de síntomas psicóticos que conllevan un deterioro en el funcionamiento normal de la persona que los padece. Estos síntomas se pueden clasificar en tres grupos:

Síntomas positivos
  • Delirios 
  • Alucinaciones 
  • Conducta o lenguaje desorganizado
Síntomas negativos
  • Disminución de los movimientos espontáneos y del habla
  • Falta de interés en las actividades habituales
Síntomas cognitivos
  • Alteración en la atención, y memoria 
  • Dificultades en el aprendizaje, organización y asociación de ideas y en la capacidad de planificar la atención durante una tarea

Los delirios o ideas delirantes consisten en alteraciones del pensamiento que afectan a la conducta de la persona. Las alucinaciones son percepciones anómalas, habitualmente auditivas, que pueden ser en forma de voces de crítica, comentario...

El lenguaje desorganizado consiste en la dificultad para organizar las propias ideas y la conducta desorganizada sería la presencia de conductas bizarras o extrañas observadas en la persona.
El diagnóstico de la esquizofrenia es clínico, es decir, se realiza a través de la presencia de síntomas durante 6 meses y activos al menos durante un mes. No existen pruebas disponibles en la actualidad, analíticas ni de imagen cerebral, que nos permitan hacer el diagnóstico. El tratamiento recomendable a iniciar son los fármacos antipsicóticos, además del soporte psicológico y social conveniente, a evaluar en cada caso de manera individualizada.